About cuentosxcontar_tls23d

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El mago Evaristo

2018-05-11T16:55:22+00:00

Evaristo no se cansaba de repetirlo: - ¡Tengo mucha mala suerte! Yo le preguntaba qué pasó, cómo, cuándo… - Pinché la pelota, le pegué fuerte, me pasó hoy, me pasó ayer, ¡me pasa siempre! La última vez fue así: Evaristo estaba jugando un partido de fútbol con sus compañeros en el patio del colegio. Pateó la pelota contra el arco rival y, cuando la vio entrando, gritó “¡goooool!”, pero a último momento el viento la desvió. La pelota pegó en el palo derecho, en el travesaño y se pinchó. Cayó al suelo y quedó desinflándose en la línea del arco. “Pssss…” El partido se suspendió por falta de pelota y sus compañeros le reprocharon : “¿Por qué le pegaste tan fuerte, Evaristo?” - ¡Te pedí mil veces que no le des de puntín! –le recordó “Maravilla” Ramiro. Lo habían apodado así porque siempre hacía goles de rabona, de chilena y de caño al arquero. - ¡Sos tan burro que la única camiseta que te queda bien es la número cero! -lo cargó Gastón, que no jugaba mejor que Evaristo pero le encantaba molestarlo. - Tiraste dos pelotas a la casa del vecino, pinchaste cuatro… ¡No juegues más, Evaristo! -le ordenó Esteban, el mismo que todos los días le pedía prestada la lapicera. Evaristo estaba triste. El nunca lloraba, aunque esta vez ganas no le faltaban. Por suerte, no todo lo que recibió fueron quejas o cargadas . Fidel y Mateo, sus mejores amigos, acudieron en su auxilio y lo invitaron a jugar a las cartas hasta que terminara el recreo. - Todos tenemos un poco de mala suerte, Evaristo –lo consoló Fidel mientras los tres se sentaban a jugar en un rincón del patio. - Si vos te esforzás, las cosas van a cambiar –aseguró Mateo. Evaristo asintió . Por dentro pensaba cómo hacer para que su suerte cambiase definitivamente. Al día siguiente su mamá quiso alegrarlo y le dio plata para comprar un alfajor. Esperó ansioso el recreo y, cuando sonó la campana, salió disparado rumbo al kiosco sin recordar que estaba mordiendo un lápiz negro con las paletas. De la emoción, mordió tan fuerte [...]

El mago Evaristo 2018-05-11T16:55:22+00:00

El peón disconforme

2018-05-11T17:02:42+00:00

- Yo sé que soy solo un peón, pero quiero andar un rato a caballo. ¿Me dejás? Yamila no lo podía creer. Estaba por jugar su primera partida en el campeonato intercolegial de ajedrez y a uno de sus peones se le ocurría pasearse por el tablero. Eran sus piezas. Se las había regalado su abuelo Pablo. Las llevaba a cada torneo desde que comenzó a competir. Primero en el barrio, después en el club y ahora como representante de su escuela. A veces jugaba con las blancas, aunque en general elegía las negras. - Me gusta dejarle la iniciativa al rival y sorprenderlo con mis movimientos –explicaba Yamila. Las piezas negras sabían de su preferencia y se habían preparado de la mejor manera para el campeonato. Hacía un mes que venían practicando junto con Yamila para gritar “¡jaque mate! ” y derrocar al rey de las blancas. En esas semanas al peón se lo había visto un poco distraído y en una ocasión los alfiles le llamaron la atención. - ¡Concentrate en tu tarea! -le reclamaron durante un entrenamiento en una mesa de la plaza que tenía tallado en piedra un tablero hermoso. - ¿Cómo quieren que lo haga si tengo frío? Ustedes están bien porque llevan armadura, pero a mí no me dieron ni un buzo –les respondió el peón tiritando y usando de remera una hoja amarilla del otoño que había caído sobre la mesa-. Esto no abriga nada –se lamentaba. En otra oportunidad, Yamila lo encontró acostado panza arriba en la mesa de la cocina, muy cerca de un paquete de galletitas de membrillo. Ella le echó la culpa a su hermano Lolo. ¿Quién otro podría haberse comido las galletitas sin permiso? - No saben qué rico es el membrillo –dicen que dijo el peón cuando la nena lo regresó con sus compañeros a la caja del ajedrez. Poco tiempo después, Yamila sorprendió al peón adentro del metegol de su hermano. Estaba a un costado del arquero, como esperando que le pasaran la pelota para empujarla al gol. Una vez más, la culpa la tuvo Lolo... Como los episodios se repetían, un día [...]

El peón disconforme 2018-05-11T17:02:42+00:00

La escalera mecánica

2018-05-11T17:08:45+00:00

Pedro subió al auto. Su mamá le abrochó el cinturón y, apenas arrancó, comenzó a escuchar las quejas de su hijo: - No quiero ir al shopping, Má. Me aburre ver vidrieras. - Esta vez vamos a hacer rápido, Pedro. Te lo prometo. - Bueno, te acompaño si me comprás un autito. La mamá ensayó un “no” y otro “no”, pero fue en vano: El persistente llanto de Pedro la venció. “Buaaaaaaaaaaaa…” - Está bien. Te voy a comprar un autito -dijo resignada. El viaje no fue corto ni largo. Habrá durado lo mismo que tarda en hacerse una pizza. Una vez en el shopping, Pedro tironeó del brazo de su mamá con dirección a la juguetería. Debían ir al primer piso. Cuando llegaron a la escalera mecánica, Pedro recordó que esos escalones metálicos y puntiagudos le causaban terror. Se le vino a la mente la anécdota que le contó su amigo Lucio: una vez a la tía se le enganchó la pollera cuando bajó de la escalera y… ¡Casi se queda sin ropa! Al subir, Pedro apretó fuerte la mano de su mamá y tambaleó un poco antes de recuperar el equilibrio. - Má, ¿mis pantalones pueden quedar atrapados en la escalera mecánica? - No, Pedro. Ya te dije que la historia de la pollera no es cierta. - ¿Vos estás diciendo que Lucio miente? - No sé, tal vez es un poco exagerado... - Igual yo no tengo miedo. - ¿Ah, no? Entonces, ¿por qué tiembla tu mano? - Porque hace frío. Brrr… ¡Qué fuerte está el aire acondicionado! De repente, un hecho muy extraño los sorprendió. Justo cuando estaban por llegar al primer piso, la escalera se detuvo. ¡Epa! –exclamó el señor que estaba detrás de ellos. Debido al freno repentino, a la nena que iba adelante se le cayó el helado. Había vainilla y dulce de leche esparcidos a sus pies. El cucurucho había quedado con la punta mirando al techo, como si se tratara del sombrero de una bruja mala que se había derretido. - ¿Qué pasa? -preguntó Pedro. - Nada, hijo. Se debe haber cortado la electricidad o alguien debe haber [...]

La escalera mecánica 2018-05-11T17:08:45+00:00

Brasilita

2018-05-11T17:13:15+00:00

Hay islas que pasan miles de años debajo del mar hasta que un día salen a la luz. Unas aparecen luego de un terremoto. Otras, después de la erupción de un volcán escondido en el agua, aunque estas tardan mucho en ponerse lindas porque están llenas de cenizas. Frente a la costa de una ciudad llamada Capablanca, una tarde en que un temblor sacudió la tierra, emergió una isla con mucha arena y algo de vegetación. De lejos se veía el verde de sus plantas y el amarillo de la arena. Por sus colores, los chicos de la ciudad eligieron llamarla Brasilita. Eso fue al principio. A medida que la isla iba conociendo el calor del sol y la blancura de la luna, brotaban de su suelo flores celestes, rojas, lilas y naranjas. Más de uno quiso cambiarle el nombre, pero los chicos se pusieron firmes y le quedó Brasilita nomás. Cuando los árboles ya habían crecido lo suficiente y los pájaros cantaban sobre sus copas , a la familia de Calixto, uno de los niños más inquietos de Capablanca, se le ocurrió pasear por la costa para observar la isla con binoculares. La primera que la miró fue Ariadna, la hermanita de Calixto. - ¡Muuuu, muuuu! –exclamó, mientras señalaba la isla con el dedo índice. - Es una isla, no una vaca, Ari –la corrigió su mamá. Calixto tomó los binoculares y se quedó embobado observando a un toro que corría de un extremo a otro de la isla y esquivaba los árboles haciendo zigzag , como si se tratara de un esquiador profesional bajando por una montaña nevada. La noticia corrió como reguero de pólvora y a las pocas horas la costa estaba repleta de gente que había llevado desde anteojos con mucho aumento hasta telescopios para ver al toro corriendo entre los árboles. - ¿Cómo llegó ese animal ahí? –se preguntaba la mayoría. Los chicos, como siempre, tenían la respuesta. Mejor dicho, varias respuestas: - Muy fácil. Se cayó de un avión ganadero que volaba a baja altura –dijo con cara de sabio un tal Emanuel. - Nada que ver. Llegó surfeando una ola [...]

Brasilita 2018-05-11T17:13:15+00:00

Isaías y el reloj

2018-01-23T22:28:21+00:00

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Isaías y el reloj 2018-01-23T22:28:21+00:00
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